Thursday, September 2, 2010

El Naufrago

A veces sueño con sitios extraños, con caras desconocidas y a la vez siento tranquilidad. Todos naufragamos alguna vez en la vida, pero muchos, aún después de ser rescatados son presa eterna del naufragio.



El naufrago

Hoy me desperté poseída por el espíritu de un naufrago. Que miró al mar y un barco a lo lejos; que anunciaba su presencia con el resonar del silbato; se convirtió en su anhelado héroe: el que lo rescataría de su encierro en una isla solitaria, desprovista de frutas y agua potable, contaminada por el odio y la envidia, olvidada por el tiempo, sumida en las ruinas y el espanto, arrasada por la guerra y por la paz.


Ahogado en un grito de desesperación por alcanzar con su tenue voz la distancia; cayó sobre mis rodillas, hoy lastimadas por las rocas. Cubrió su arrugado rostro con mis manos y al cabo de un minuto volvió a su rutina cotidiana: trazar garabatos y consignas en la arena.


Mi cuarto amanece cada día saturado de conchas y caracoles, con olores a sal y su saliva. El naufrago me invita a conocerle, pero siempre llego tarde a sus citas, él me deja sus notas de reproches: “Te esperaré hasta la libertad”.


También he amanecido en medio de la playa, con mis pantuflas tontas y mi pijama de lana, abducida en un sueño de otros sitios, que nunca he visto, pero habitan en mis recuerdos.

Anechy Notes